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日志


1月18日

ASTURIAS

Seguimos en Asturias

Aprovechando otro de los pocos, pero espléndidos días de sol que estamos disfrutando últimamente,  nos trasladamos de nuevo a nuestra vecina Asturias para seguir visitando el románico que aún  nos queda por ver por esos lares,  además de realizar extraordinarias rutas turísticas por las inmediaciones,  pues aunque no lo parece,  "no sólo vivimos de románico".  Esta vez nos tocó de nuevo la zona de Llanes,  en un recorrido corto pero aprovechado al máximo.  Aparte de dos iglesias románicas, bueno, más bién lo que queda de ellas,  como son las ruinas del monasterio cisterciense de Santa María de Tina, para mí completamente desconocido hasta ayer, y otro monasterio que aunque no en ruinas, su estado es verdaderamente lamentable debido a su abandono.  Éste es,  San Antolín de Bedón.

Del primero,  de Santa María de Tina,  a pesar de estar prácticamente en la frontera con Cantabria, he de reconocer ( y casi me da vergüenza decirlo), que hasta ayer ni siquiera había oido hablar de él,  pero bueno, para eso están los amigos que husmean por todos los lugares en internet, encontrando a veces verdaderas y desconocidas maravillas como en este caso.  Estas ruinas cistercienses se encuentran en el pueblo de Pimiango, localidad que dista solamente unos cinco kilómetros de Unquera y aunque ya había estado aquí en varias ocasiones por motivos de trabajo,  jamás había oido siquiera comentar nada sobre la existencia de esta iglesia.  


        
                                         Ruinas del monasterio cisterciense de Santa María de Tina

No es fácil ni mucho menos llegar a estas ruinas, sobre todo cuando vas por primera vez y aún no conoces el camino,  pero la intuición y el atrevimiento del guía lo hace todo más sencillo.  Aunque sabíamos aproximadamente donde la podíamos localizar,  volvimos a tomar el camino equivocado al carecer de cualquier tipo de indicación en el pueblo de Pimiango.  Cuando ya habíamos descendido un par de kilómetros por una empinadísima pista forestal nos encontramos con un par de jinetes a caballo que subían y nos dijeron que esa pista estaba cortada por obras poco más abajo y que tendríamos que dar la vuelta y entrar por otra carretera que lleva a la cueva del Pindal.  Muy fácil decirlo,  pero ¿donde dábamos vuelta en esa pista?.  Bueno todo se solucionó y por fin llegamos al aparcamiento del Centro de Interpretación que han inaugurado recientemente cerca de la cueva.

Cogimos una pista, que esta vez estaba bien indicada y nos trasladamos campo a través hasta nuestro destino.  La pista era buena, hormigonada, pero con lo que no contábamos era con la pendiente de la misma.  No entiendo mucho de esto, pero calculo que el desnivel superaría el veinte por ciento.  Con decir que teniamos que bajar agarrándonos a la barandilla de madera que han puesto en el camino, lo digo todo.  El esfuerzo es grande, pero la recompensa lo es todavía más.  El sendero por el que transcurre es maravilloso con infinidad de grandes encinas, madroños, abedules, etc.  Hasta un puente de madera tenemos que pasar pasar librar un pequeño riachuelo que nos encontramos por el camino.    

       
                                      El camino discurre entre miles de encinas y otras especies de árboles

Para llegar a la campa de Santa Ana como se llama el lugar donde se ubican las ruinas de este antiguo monasterio, aún tenemos que subir una buena cantidad de escaleras hechas en el camino para hacer más fácil la durísima subida,  pero cuando llegas arriba y contemplas todo lo que tienes alrededor piensas que ha merecido la pena. 

Lo que nos encontramos son unas ruinas recientemente restauradas, de lo que queda de la iglesia monasterial de lo que fue, según algunos, un monasterio cisterciense construido sobre un antiguo templo del siglo X.  Al acercarte lo primero que ves es un panel indicativo de la iglesia derribado en el suelo, no se si debido al pudrimiento de la madera o por vandalismo,  En él y junto a otro que aún permanece en pie podemos ver algo sobre la historia de este monasterio.  Por estos paneles nos enteramos que el templo actual fue edificado sobre otro del siglo X y que data de los siglo XIII - XIV, y que consta de nave única y tres ábsides, manifestando rasgos románicos y góticos.  Los restos son pertenecientes a un  antiguo monasterio quizá cisterciense del que se conserva la iglesia y unas dependencias auxiliares de carácter campesino.

Lo que vemos, nos habla de unos muros que siguen desafiando el paso de los siglos y que no quieren desaparecer.  Allí, nos dicen los paneles,  habitaban unos monjes que entonaban cánticos al Señor y a su Madre, la Virgen de Tina.  Según dicen, los peregrinos que hacían el Camino de Compostela, tenian por costumbre parar en la ermita cercana de San Emeterio, y solian decir  " Quién va a Santu Medé sin pasar por Tina, honra al Santu pero no a la Santina".  Aquí había una talla de madera policromada de finales del siglo XII que fue restaurada en el taller de "Regina Coeli" de Santillana y que ahora se encuentra en la iglesia parroquial de San Roque en Pimiango.

    

                                     Cabecera con su capilla mayor y sus dos capillas laterales

Antes de seguir, quiero dar mi opinión sobre algo que me ha llamado la atención:  1º.  El panel indica que el templo es de una única nave, - ¿ para qué, entonces tres ábsides ? -.  2º.  En la foto de la izquierda veo en las columnas del arco triunfal del ábside central lo que para mí parecen ser, el arranque de dos arcos que podrían pertenecer a las naves laterales.  En fin, doctores tiene la iglesia que sabrán más que yo, pero esta es mi humilde opinión.

En el panel que aún se conserva en pie, podemos leer- "El templo se sitúa cerca de la ruta costera hacia Santiago.  Entre los vecinos de Pimiango se recuerda la existencia de un camino empedrado que llegaba hasta Tina Mayor desde Puerto Chico, cerca de Bustio.  Según un documento del siglo XVI hallado en el archivo de Álvarez de Asturias, se dice que la casa de Nuestra Señora de Tina era dependiente desde tiempos remotos de la abadía de Lebanza, fundada en el siglo XI en Cervera de Pisuerga.  Hoy una majestuosa y sugestiva ruina rodeada de malezas, se encuentra en un documento del año 932.  La fábrica conservada puede datarse del siglo XIII.  Consta de una cabecera formada por tres ábsides semicirculares precedidos de tramo recto y cubiertos por bóveda de cañón y cuarto de esfera,  comunicados entre sí e iluminados por estrechas saeteras.  el ábside central,  mucho más ancho y alto, tiene embocadura en arco de triunfo apuntado, y los laterales en medio punto.  La única portada se abre en el muro de los pies y es apuntada;  muestra la misma ausencia de decoración que el resto del edificio,  característica que pone de manifiesto en relación, la iglesia de Tina con la arquitectura cisterciense"

   
                 Bóveda del ábside central y  ...   ¿arranque de un arco de la capilla lateral?

Otra cosa que nos llamó la atención en la cabecera (no a mí, sino a Luis Antonio), fueron unas extrañas muescas rebajadas en la columna derecha del arco triunfal,  así como un pequeño agujero en la izquierda.  Puestos a elucubrar, pensamos que quizá podría tratarse de la sujección de un iconostasio, o mampara situada entre la nave y el presbiterio que ocultaba al sacerdote durante la consagración.  Hemos tenido la suerte de ver algunos; en Santa Cristina de Lena (iglesia prerrománica asturiana) y en San Miguel de Escalada (mozárabe).  Eran con dos o más puertas de las que pendían cortinajes que ocultaban al celebrante,  pero en otros casos, allí donde ese muro no existía se ocultaba el ábside con un velo o cortinón oscuro que pendía de un larguero de madera.

Mi pregunta es,  ¿Podrían ser ese rebaje y el agujero opuesto la sujección de la mampara de un iconostasio?.  Extraño ¿No?,  pero bueno otras cosas más difíciles hemos visto.   Sabemos que estos ritos mozárabes fueron abolidos en España por los cluniacenses en el siglo XI.  Si lo que nosotros pensamos fuera la realidad, resultaría que la datación de la cabecera o al menos parte de ella estaría situada entre los siglos X-XI.  Sé que algunos entendidos si leen esto nos van a llamar locos o iluminados,  pero al menos dejarnos soñar un poco.

      

                                          En estas muescas nos basamos para nuestras conjeturas

Volviendo a la realidad,   los visitantes de estas ruinas pueden observar un par de cosas que al menos son curiosas, como el horno para cocer pan que podemos ver junto a la puerta de entrada y una caja de plástico de las que usamos para guardar las herramientas repleta de leyendas que van dejando los que visitan estas ruinas, en toda clase de objetos, desde tarjetas de visita, trozos de cajetillas de tabaco, servilletas de papel, en fin, en cientos de objetos diferentes.  En ellas hablan de las experiencias vividas en su visita al monasterio de Tina.  Nosotros como no teniamos ni un simple trozo de papel,  por un momento pensamos escribir unas palabras en un billete de cincuenta euros... ja, ja, ja, para ver si lo encontrábamos metido en la caja en nuestra próxima visita.  ¡¡  Exageraoooooo ...vaya farolada  !!

    

                                           Horno de cocer pan y puerta de entrada al monasterio

Aquí damos por finalizada nuestra visita a Santa María de Tina,  por lo que regresamos hasta el aparcamiento donde habiamos dejado el coche para coger la comida y buscar un buen sitio donde sentarnos a comer tranquilamente.  Cuando Luis y yo llegábamos con el avituallamiento,  Marisa y Juani ya habían encontrado un lugar al sol precisamente en la campa de la explanada de la ermita de San Emeterio,  o  Santu Medé como la conocen los lugareños.

Hicimos una visita a la ermita que no tiene nada de particular a no ser por los kilos y kilos de excrementos de oveja que se encuentran amontonados en el pórtico de la ermita, que por lo que vemos sirve de establo para dichos animales que serán de los pocos que la visitan dada su difícil ubicación.  También fuimos a visitar la cueva prehistórica de El Pindal, cuya entrada se abre al acantilado oriental del Cabo de San Emeterio,  desde el que se domina una extensa línea costera que alcanza hasta Santander.  No pudimos entrar a la cueva, pues acababa de cerrarse el horario de visitas matinal y hasta las cuatro de la tarde no volvían a abrir.

    
                       Entrada a la cueva de El Pindal  y  ermita de San Emeterio, o Santu Mede

Nos dirigimos a continuación a visitar el monasterio de San Antolin de Bedón, cerca de Llanes,  que aunque ya lo conocía anteriormente, ésta fue una visita rápida y sin fotos,  por lo que en esta ocasión tenía mucho interés en poder hacer una visita completa.  Cuando llegas a las inmediaciones de la finca en que se encuentra el monasterio ya te vas dando cuenta del terrible abandono en se encuentra el entorno de este monasterio,  bardas y zarzas por doquier, y el cesped con agua que casi te llega a los tobillos cuando quieres sacar fotos de la zona de los ábsides.  En el interior se nota claramente que hace muchísimo tiempo que nadie se ha dignado ni siquiera  pasar una escoba. 

Entrar en San Antolin es desolador, del monasterio no hay que hablar, desapareció hace mucho tiempo y no quedó más que la iglesia y una casa contigua.  En el interior no hay altares ni ornamentos, las ventanas están sin cubrir,  las paredes están resquebrajadas y verdosas a causa de la humedad y el suelo aparece lleno de excrementos de las aves marinas.

La sorpresa agradable es que cuando llegamos la puerta estaba abierta, por lo que pudimos pasar al interior, para encontrarnos un templo completamente vacio, en el que solamente queda un sarcófago y algunas piedras que quizá fueran las tapas de otros.  La impresión es penosa por el abandono que se observa.  La humedad sube por muros y columnas hasta más de un metro de altura y amenaza con el derrumbe.

    
                              Portada del muro sur, monumental pero con escasa decoración

Por el exterior es otra cosa, se ve que ha sido restaurada no hace mucho tiempo, aunque sus muros han sido recubiertos con ese enfoscado color ocre que a mi particularmente no me gusta nada,  pero si los entendidos lo hacen con tanta frecuencia tendré que pensar que soy yo el equivocado.

Su fundación data del siglo XI y se cree que siempre fue habitado por monjes benedictinos hasta bien entrado el siglo XVI.  Su arquitectura es bizantina con alguna mezcla de gótico, como son sus enormes columnas y las bóvedas con forma claramente ojival, así como los arcos de las portadas; y el arte ojival no comenzó a introducirse en España hasta mediados del siglo XIII y sabe Dios con cuantos años de retraso habrá llegado a Bedón.  Su estructura es de tres ábsides y tres naves.

Posee dos puertas de entrada, una en el muro sur y otra en el hastial oeste, aunque la del sur parece más vieja o al menos construida con diferente piedra.  Ambas son muy similares,  casi diría que idénticas,  asi como la única decoración iconográfica que vemos en todo el exterior.  Esto es, la rica colección de canecillos que sujetan las cornisas de los dos tejaroz que cubren las portadas.  Creo que aunque tan similares fueron dos maestros los que trabajaron en ellas,  pues aunque cuatro o cinco canecillos repiten el mismo tema se ve una talla completamente diferente.

    

                          Portada del hastial oeste,  casi idéntica a la del muro sur

Lo que más llama la atención de estas portadas, ubicadas bajo un tejaroz y un poco resaltadas del muro,  son los extraordinarios canecillos que sujetan la cornisa del tejaroz antes mencionados.  Entre ellos podemos apreciar mun águila que sujeta algo con sus garras, un personaje tocando un cuerno, con una estaca en sus manos y rodeado por dos animales,  otro personaje clavando una estaca a un cerdo, una mujer sentada con un niño en sus brazos, un felino de espaldas, una pareja de contorsionistas, un personaje tocando una pandereta cuadrada,  una loba con grandes fauces abiertas, etc.

        
   


            
                                 Conjunto de canecillos que sujetan la cornisa del tejaroz del oeste

Las ventanas de los muros laterales y de los ábsides no llevan ningún tipo de decoración, son solamente unas simples aspilleras con derrame exterior.  Los restantes canecillos que vemos en las cornisas y muros y ábsides son todos exactamente iguales, en caveto, que dan un aire muy pobre a la decoración exterior del templo.

    
                                            Detalle de la cornisa del tejaroz de la fachada oeste

Con esto damos por finalizadas nuestras visitas románicas del día,  pero aún nos queda mucho recorrido por hacer y nos vamos bordeando la costa parando en varias calas, playas y miradores para poder contemplar la belleza de este paisaje asturiano que tanto se parece al nuestro de Cantabria.  Nos detuvimos en la playa de San Antolin, en otra preciosa playa situada al interior, la de Gulpiyuri y he de confesar que jamás había visto nada así.  Una playa sin mar, situada cien metros tierra adentro rodeada de prados.  El agua entra mediante cavidades subterráneas, desde el mar y, como consecuencia, también se forman mareas en la playa.  Da la sensación de que el agua sale de unas rocas como si fuera una fuente.  El mar ha penetrado por las galerías subterráneas y ha creado una pequeña playa arenosa.

      

       

                                     Celorio, Gulpiyuri, La Ballota y Mirador de La Boriza

Aquí ponemos fin a esta intensa jornada.
                                                 


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